Cuando un amigo se va

Hace poco murió un amigo, alguien muy cercano. Como fue poco a poco, en cuestión de unas semanas, yo más de una vez pensé, y si fuera yo? Qué hubiera hecho? Cómo lo hubiera vivido? Sólo se una cosa segura, y es que ya no estaría aquí.

Pensar que mañana puedo no estar aquí me plantea revisar cómo vivo mi vida, si estoy haciendo lo que realmente quiero, si he puesto toda la carne en el asador, qué conversaciones tengo pendientes, deseos por cumplir, temas aparcados….Es esta la vida que yo quiero? La estoy aprovechando al máximo? O la estoy malgastando?

Irremediablemente mis hijos copan mis pensamientos, qué recuerdo tendrán de mi? Qué les quiero dejar que quiero que sepan?

Quizás si todos nos planteáramos que estamos viviendo nuestra últimas semanas de vida encontraríamos soluciones a problemas que arrastramos, nos atreveríamos a cambiar aquello que no sabemos por donde agarrar por el miedo que nos supone salir de la zona comfort, miraríamos a los de nuestro entorno con otros ojos y trataríamos de ponernos en su piel, para entender por qué no terminamos de entendernos, no nos importaría tanto el qué dirán y nuestra locura estaría justificada, porque serían nuestros últimos días.

Por qué valoramos la vida diferente cuando estamos en nuestros últimos días a cuando pensamos que todavía nos quedan muchos años de vida? Por qué podemos hacer las cosas distintas y nos damos licencia a atrevernos, si nos vamos a morir igual, mañana que en tres años?

Estoy segura de que las conversaciones serían más verdaderas, que nos diríamos cosas que realmente importan y no malgastaríamos palabras en un intento de llenar el silencio. Si tuviéramos presente que podemos morir en cualquier momento, si valoráramos de verdad la vida, planearíamos aquello que nos emociona, nos dedicaríamos al 100% en aquello que nos importa y valoraríamos lo que tenemos de una forma especial.

Lanzaríamos más besos, abrazaríamos más, lloraríamos lo que nos duele y reiríamos más a menudo. Trataríamos de acumular gozo, de no cargarnos con porquerías y de dejar buen sabor de boca, y no pretenderíamos ignorar aquello que nos molesta, porque estando incómodos, nadie se muere tranquilo.

Creo sinceramente que seríamos más auténticos. Y dicho esto, por qué no empezar a serlo ya sin esperar a que sea demasiado tarde?